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domingo, 7 de abril de 2013

LA ATLÁNTIDA DE MANUEL DE FALLA y GARCÍA DE PAREDES Una escenografía llena de simbología

Partitura de La Atlántida en la edición de la casa Ricordi expuesta en el Museo de Cádiz, 2011-2012


Cuando hablamos de iconología, simbolismo, alegorías y demás formas de leer las imágenes, más allá de su formalidad plena, siempre pensamos en creaciones artísticas de cierta antigüedad, preferentemente del barroco hacia la antigüedad y solo caemos en que cualquier creación más moderna está cargada de esos mensajes cuando nos lo hacen ver de forma certera, en especial cuando la obra es contemporánea, pues nuestro propio presente nos impide cargar de información oculta las creaciones artísticas, creyendo que tenemos el conocimiento claro de la obra a través de nuestra coetaneidad. Algo así ocurre con la obra musical de la que hoy tratamos y con una de las versiones escenográficas que se realizaron para su puesta en escena.

La Atlántida por sí sola ya es evocadora del misterio, de lo oculto y de lo simbólico, casi del conocimiento arcano de la existencia de la cultura humana. Pero lejos de las explicaciones esotéricas que se sobreponen a su nombre, la Atlántida también ha sido fuente de inspiración artística de alto nivel y, en este caso, se da además la coordinación de disciplinas desde su más infante proceso de creación.

Manuel de Falla comenzó a urdir su proyecto musical hacia 1927-28 y siempre tuvo en mente, para la realización escénica de la gran cantata/oratorio, a Josep María Sert, con quien tuvo contactos ininterrumpidos hasta 1939, fecha en la que Sert proponía estrenar la obra en la Exposición Universal de Nueva York, envuelta en una puesta en escena de la más rabiosa modernidad. Pero, por otra parte, Falla no había terminado la música, fundamentalmente por su resentido estado de salud y quizás por la acidia que le fueron produciendo los últimos episodios de la República y la posterior Guerra Civil. Así, Falla partirá en 1939 para Argentina con las partituras a medio hacer y morirá en 1946, sin que la gran obra que el público y numerosos teatros estaban esperando saliera de sus manos. Sert murió un año antes y tampoco pudo dejar nada acabado del monumental proyecto.
Una vista de la exposición "Atlántida, sonidos y materia" realizada en noviembre de 2007 en la Sala Zaida de Granada con el patrocinio del Archivo Manuel de Falla, los Amigos de la Orquesta Ciudad de Granada y Caja Rural

Así las cosas, en 1954, se retoma la idea de acabar La Atlántida de Falla y se encarga de ello Ernesto Halffter que llevará la obra a unas dimensiones muy por encima de lo que el músico gaditano pensaba en un principio. La obra, terminada y agrandada por Halffter, se termina en 1960 y la casa editora Ricordi comenzará una intensa labor para que se pueda estrenar la obra en versión sinfónico-coral en España y posteriormente, escenificada, en Milán y Berlín. Pero en ninguna de las dos representaciones se había entendido el mensaje que la obra de Falla quería transmitir y mucho menos las peculiaridades de raíz española que desfilaban en su libreto, siendo la puesta en escena más bien de cuento imaginario, una fantasía.

Tras los desastrosos estrenos, la familia Falla, especialmente el arquitecto José María García de Paredes, recupera el control junto a la casa Ricordi y comienzan su particular calvario por intentar llevar a cabo una escenografía capaz, moderna y que cumpliera con los deseos que  Manuel de Falla le había trasladado a Sert en una jugosísima carta de cinco hojas, el 10 de noviembre de 1928. Para ello, García de Paredes realiza unas fotografías en su propio estudio madrileño, en el que recorta unas masas corales dibujadas por él y las sobrepone a una serie de ilustraciones extraídas de diferentes libros y revistas de su propia biblioteca. De esta forma, crea de forma provisional la primera escenografía importante para La Atlántida. Más tarde se unirá al proyecto Joaquín Vaquero Turcios y se trazarán otras dos versiones escenográficas que sufrieron la común suerte de no ver nunca el escenario.

Para poder comprender esta escenografía de García de Paredes se hace necesario conocer previamente el argumento de tan complicada obra, del que trasladamos aquí una síntesis del que publicara José María Pemán en una edición discográfica:



ATLÁNTIDA

OBRA DE MANUEL DE FALLA SOBRE EL POEMA HOMÓNIMO DE JACINTO VERDAGUER

La Atlántida sumergida.
PRÓLOGO

“La Atlántida sumergida”

Un joven genovés que acaba de naufragar en medio del Océano, llega maltrecho a una isla en la que vive, retirado del mundo, un sabio anciano. El sabio, por consolar y distraer al náufrago de su pasado terror, empieza a contarle la legendaria infancia de aquel mar que los rodea. “El anciano -dice el poeta- parecía el genio del mar. Su gentil oyente se llamaba Cristóbal Colón”.

Aquel mar que abarca la tierra de polo a polo fue un día –cuenta el anciano- el alegre Jardín de las Hespérides, cuyo monarca fue Atlas, al que los griegos vieron, por su gigantesca estatura, como una montaña que sostenía el firmamento. Atlántida era el nombre de aquel continente y sus pobladores, los Atlantes, una raza de poderosos gigantes cuya ambición era traspasar todos los límites, hasta el punto de pretender escalar el mismo trono de Dios, por lo que fueron castigados con un cataclismo que sepultó la Atlántida bajo las olas del mar.

Sólo se salvó, por disposición del Altísimo, la tierra de España, amarrada como una góndola antemural del Pirineo. Por eso Dios acumuló en esa tierra última los tesoros de la naufragada Atlántida, y los pueblos de oriente imaginaron ver en ella todas las riquezas lejanas y prometedoras: el vellocino de oro, el Eliseo de Homero, el Ofir de Salomón.

Incendio de los Pirineos
PRIMERA PARTE

“El incendio de los Pirineos”

Corren los días –cuenta el corifeo- en que Alcides (Hércules) recorre la tierra liberándola de gigantes y monstruos. Alcides, por las márgenes del Ródano, ha llegado al lugar que hoy es España. Llega en el momento en que un voraz y terrible incendio devora, de punta a punta, todo el norte de esta tierra.

El héroe avanza a grandes saltos entre las llamas. De pronto, le detiene un llanto y quejidos que salen de una cueva y allí, esperando su muerte, está la reina Pyrene, hija de Túbal y heredera de su reino. Cuenta a Alcides lo sucedido: gobernaba ella pacíficamente sus tierras hispanas, cuando saltó a España, desde África, Gerión, monstruo de tres cabezas. Ella se refugió en el extremo de su reino, donde Gerión, antes de volverse a Gades, incendió los bosques que la rodeaban, acorralándola.

“Aria y muerte de Pyrene”

Pyrene muere después de encomendar a Alcides que la vengue de Gerión y recupere para él el reino de Túbal. Alcides llora a la reina y, descabezando montañas y cerros, levanta el Pirineo sobre las cenizas del incendio, como ciclópeo mausoleo que señalará el límite del reino que se propone conquistar. Jurando vengarse de Gerión y continuando con su misión de limpiar la tierra de monstruos, desciende por las crestas pirenáicas hasta el alto Montjuich. Desde él contempla el Mediterráneo y, sobre sus olas, una misteriosa barca blanca, lista para llevarlo a las tierras del Sur, donde se esconde el usurpador Gerión. Como voto por el venturoso presagio, promete a los dioses fundar una gran ciudad al pie del Pirineo, que extienda por el mundo el nombre de aquella barca salvadora: “Barcino”.

La rada de Gades
2ª PARTE

“Alcides y Gerión el Tricéfalo”

Navegando, Alcides llega desde Montjuich, a la rada de Gades. Allí, receloso, le espera el usurpador Gerión. Al verle saltar a tierra, Gerión se postra a sus pies: sus tres cabezas y sus seis ojos lloran falsas lágrimas, adula a Alcides y le dice que su reino es pequeño y su corona será estrecha para su frente invicta. Que mire hacia occidente, donde están las inmensas tierras de la Atlántida, habitada por gigantes, cuyo rey, Atlas, al morir presintió que algún día llegaría un semidios a poseerlas.





“Canto a la Atlántida”

Alcides vislumbra la Atlántida que aparece en el horizonte como un paraíso repleto de vegetación, los caudalosos ríos hispanos se prolongan por sus tierras y aportan poder y riquezas.

El Huerto de las Espérides
“El Huerto de las Hespérides”

En el centro de la Atlántida se encuentra el jardín paradisíaco en el que está el naranjo de frutos de oro. Hasta él llega Alcides dispuesto a desgajar la rama florecida que le dará la posesión del gran reino. En torno a él danzan y juegan las siete bellísimas Hespérides, hijas del rey Atlas.












El dragón
“Alcides y el Dragón”

Escondido en el tronco del árbol está el dragón que lo custodia; ataca al héroe y este le aplasta la cabeza con su maza.  Su sangre salpica las flores, las llamas de su boca se apagan, nubes de ceniza cubren el cielo y voces de angustia anuncian que se está cumpliendo el vaticinio de Atlas.


“Lamento y muerte de las Pléyades”

Al pie del naranjo han caído las siete hijas de Atlas, pero los dioses tienen piedad de ellas y, al disiparse la bruma, aparecen en el cielo siete estrellas. Es la constelación de las Pléyades.





Hércules llega a Gades

“Llegada de Alcides a Gades”

Alcides, abriéndose paso entre montañas y gigantes, ha retornado a Gades “La hija de las olas, palacio de nácar y marfil”. Allí, deteniéndose un momento, planta la rama del naranjo de las Hespérides. Desde allí empezará la tierra que, redimida de vicio y monstruos, heredará el poder y la gloria de la Atlántida.

Pero junto al naranjo plantado por Alcides nace, misteriosamente, un árbol informe y monstruoso que llora sangre.  Es el Drago, el árbol secular que aún vive en las costas Atlánticas de Cádiz, Marruecos y Canarias.

Cuando Alcides se alza, tras haber plantado el naranjo en la primera playa de Europa, ve a Gerión agazapado entre las rocas. Rápidamente lo derriba, por lo que el África envía sus últimos monstruos en socorro de Gerión: Arpías, Gorgonas, etc. Alcides los vence sobre lo que hoy es el estrecho de Gibraltar.

“Voces Mensajeras”

Anuncian que Dios va a hablar “Sanctus, Sanctus, Sanctus”

“La Voz Divina”

Recuerda Dios que puso al hombre en la tierra e hizo los astros, los continentes y los mares para que fueran su reino. Pero el hombre -el Atlante soberbio y vicioso- se ha levantado contra Él. Ha de castigar su pecado. Se romperá la muralla que aprisiona el mar y las olas caerán sobre la Atlántida. Todo será desolación y ruina… hasta que los dos pedazos en que la Tierra quedará rota, sean enlazados por los hijos de España, cuando vuelvan a amar a Dios.

El hundimiento
“El Hundimiento”  “El Arcángel”  “Non Plus Ultra”

Cruje y tiembla la tierra. El mar, embravecido, se sale de sus límites e inunda la Atlántida.
En un último esfuerzo de satánica soberbia, los Atlantes retan a Dios y, subiéndose los unos sobre los otros, pretenden crear una Torre de Babel que les permita escalar al cielo.
El Arcángel repite la mortal sentencia blandiendo su espada de fuego. Se derrumba la torre humana y los Atlantes perecen.
Alcides, de pie en la costa de Gades, contempla el terrible castigo de los monstruos, ve aparecer las columnas de roca que marcan los límites del mar  y escribe en ellas con su espada: “Non Plus Ultra”.



Columnas de Hércules "Non Plus Ultra"


El Peregrino


3ª PARTE

“El Peregrino”

Por un camino largo y pedregoso, a cuyo extremo se divisa el Atlántico y las columnas de Hércules, Cristóbal Colón, el muchacho genovés que ya ha llegado a la madurez, asciende pensativo. Un lejano toque de campanas anuncia su maravilloso destino. Voces celestiales repiten el vaticinio escondido en su nombre “Christoferens”: portador de Cristo… Un coro profético llena el aire con palabras misteriosas de Séneca, que anunció que vendrían siglos en que traspasaría el Océano.






El Sueño de Isabel
“El Sueño de Isabel”

Bajo un arco morisco de la Alhambra, la Reina Isabel, mientras suena una gallarda, sueña que en los vergeles de la Alhambra una paloma, cuyo canto era dulce como la miel del romero, ha llegado hasta sus manos; le ha arrebatado con el pico su anillo de desposada, vuela con él y se adentra en el Atlántico. La Reina, que la ha seguido, ve como la paloma deja caer el anillo sobre las olas del mar, como si desposara con ellas a la Reina de España. En el momento de caer el anillo surgen islas maravillosas, llenas de flores. La paloma recoge una guirnalda de esas flores y con ella corona a Isabel.

La Reina, una vez despierta, entiende que el sueño promete el hallazgo de las Indias. Se despoja de sus joyas y se las entrega a Colón.


Las Carabelas
“Las Carabelas”

Un coro celestial pregunta quién está volando sobre el mar. Son las velas de las tres carabelas que surcan el Atlántico.

“La Salve en el Mar”

En el silencio del mar, jamás surcado por ningún navegante, se eleva el canto de las sirenas en laudes y súplicas a la Virgen.








“La noche suprema”

Voces celestes y terrenas se mezclan en un Aleluya. Todos duermen en las carabelas: sólo Colón vigila, observando las estrellas. Aparecerá la tierra nueva.

La noche suprema

NOTA: todas las fotografías son reproducciones del catálogo de la exposición "Atlántida, sonidos y materia" de la que fui comisario, siendo positivados de Javier Algarra sobre los originales de José María Garcia de Paredes de 1962.

Como vemos, en el interior de la obra de Manuel de Falla completada por Ernesto Halffter, fluye un mensaje mitológico y místico a la vez que de reivindicación nacionalista, especialmente en el momento en que Falla, durante la dictadura de Primo de Rivera, decide emprender el proceso creativo que, paulatinamente, se va a ir transformando en un lenguaje más patriotero propio de la postguerra y de los anhelos oficiales por trascender en la política cultural hacia el exterior de los años 50 y 60, retomando -en un lenguaje plástico escenográfico- la creación mitológica, a través de los trabajos de Hércules, el propio continente perdido o la creación de la bellísima historia de El Sueño de Isabel, cerrando en una imagen de eternidad, una imagen circular que refleja la pequeñez del ser humano, aunque sea un héroe/peregrino, ante la creación divina del Universo.

jueves, 26 de abril de 2012

LA CASA DE LOS TIROS. Un retablo pagano con dedicatoria

Tras la entrada de los Reyes Católicos en Granada, comenzaba la transformación física de la ciudad, mediante una serie de intervenciones urbanísticas pero también políticas. Así, en el mismo 1492 se decretó la expulsión de los judíos, lo que permitiría poner a disposición de la nueva población cristiana una amplia zona para obra pública y privada. Ese es el motivo por el que la primera catedral granadina, Santa María de la O, se ubicara en lo que hoy es MADOC en el barrio de San Matías.

También es en este sector en el que se produce la instalación más importante de familias nobles que venían con el ejército castellano. Familias como la del Gran Capitán, los Bobadilla, Ballesteros, Maza de Mendoza, Díaz de Ribera o Bazán, situaron sus casas principales en la orilla izquierda del río Darro, sobre antiguas fincas musulmanas que en alguna ocasión fueron compradas incluso antes de la rendición de la ciudad de Granada, como es el caso de las propiedades adquiridas por D. Álvaro de Bazán.
Fachada de la Casa de los Tiros

Entre estas familias importantes en la campaña granadina, se encontraba la de D. Gil Vázquez Rengifo que se instaló en lo que parece que fue una antigua torre-palacio al estilo del Cuarto Real de Santo Domingo y algunas otras propiedades de Juan de Gamboa, en 1514 y que, tras su transformación en palacio y la instalación de unos mosquetones en las almenas, pasó a llamarse la Casa de los Tiros, actualmente museo y sede de la hemeroteca.

D. Gil Vázquez Rengifo, natural de Ávila, era caballero de la Orden de Santiago, Comendador de Montiel y luchó junto a su padre, Juan Vázquez Rengifo en la guerra de Granada, donde murió en acción este último. Como compensación a sus esfuerzos, los Reyes Católicos lo nombraron Comendador de Granada y en 1525 Carlos V le otorgó la alcaldía del Generalife. Esta fecha es muy importante, pues la Casa de los Tiros aún no está terminada y puede ayudarnos a desentrañar el sentido último de la monumental fachada. Más adelante, en una fecha indeterminada pero anterior a 1537, D. Gil casó a su hija María con Pedro Granada Venegas, descendiente de la familia real nazarí, de una rama cristianizada que estuvo en el bando de las tropas castellanas desde generaciones atrás, destacándose en la toma de la Torre de Roma.

Pero tras esta larga introducción para el blog, vamos a centrarnos en la portada del edificio. Única parte que veremos hoy, porque el edificio contiene otros muchos valores simbólicos que van desde la heroicidad, al mundo de lo monstruoso, tanto en techos como en paredes y puertas.

La Portada es una gran fachada rectangular realizada en cantería que sustituiría la tradicional argamasa de las construcciones defensivas nazaríes, en la que aparte de los "tiros", se sitúan cinco grandes esculturas (muy deterioradas algunas) sobre repisas y con una pequeña moldura a modo de guardapolvos que representan a Jasón, Hector el troyano, Mercurio, Hércules y Teseo, de arriba a abajo y de izquierda a derecha. La interpretación de estas esculturas siempre ha sido un motivo fundamental en el estudio de este edificio, poniéndolas siempre en relación con las tallas del techo de la "Cuadra dorada" de la primera planta. Se ha visto en ellas la personificación del guerrero que era D. Gil Vázquez Rengifo y su comparación con los héroes representados, algo muy al uso en la época y que tiene su mayor expansión en la maravillosa cabecera del Monasterio de San Jerónimo, dedicada al Gran Capitán y su mujer.

Tal ha sido esa obsesión por explicar el mensaje iconológico a través de estos héroes y heroínas (en el interior) que hace poco se propuso hacer una lectura desde sus opuestos, esto es: desde los monstruos pintados en las jácenas del alfarje del zaguan (Villanueva Muñoz, 2007), viéndolo como una lucha entre el bien y el mal. Nosotros, como he dicho más arriba, nos vamos a fijar en las piezas de la fachada y vamos a intentar dar un par de propuestas más.
Hércules

Si nos fijamos, en la parte baja de la fachada tenemos a Hércules y a Teseo, dos grandes héroes de la mitología griega. Uno es el gran héroe panhelénico, mientras que el otro es el gran héroe ateniense y ambos estuvieron presentes en la conquista del vellocino de oro.  Hércules, vestido como guerrero clásico, sostiene la clava y tiene a Cerbero a sus pies y, por tanto, está realizando su trabajo en los infiernos. Por su parte Teseo, vestido a la misma usanza, sostiene una cabeza decapitada de una especie de gigante, probablemente el perdedor de uno de sus encuentros con personajes fantásticos durante su vuelta a Atenas, en la que fue limpiando los caminos de peligros.
Teseo
Mercurio como heraldo con las armas de Rengifo
En el centro de la fachada y ejerciendo de separador, se encuentra el dios Mercurio vestido de heraldo con las armas de la casa de los Rengifo (esta escultura ha sufrido un deterioro importantísimo que apenas permite identificar la parte del jefe y la cimera del escudo de la familia). Lo triste es que en los años setenta, según nos lo presenta la foto del libro "Heráldica y genealogías granadinas" de Mª Angustias Moreno Olmedo, la escultura estaba en perfecto estado de conservación. 

Mercurio es el dios romano del comercio, pero también es el mensajero alado de los dioses que une lo mortal con lo inmortal, ejerciendo de comunicador entre diferentes esferas. Algo parecido a lo que van a ser los ángeles en las tres grandes religiones. Por lo que en este caso, el vehículo de comunicación entre lo humano y lo divino, al estar revestido de las armas de la familia, sería el propio linaje.



En la parte alta se encuentran las repre-sentaciones de Jasón y de Hector el Troyano (este último es el único que tiene su nombre escrito en el pedestal facilitando su identificación). Jasón es el héroe de la epopeya de los argonautas y es el personaje principal de la búsqueda del vellocino de oro. Mientras que Hector es el gran guerrero troyano que se distinguió en el asedio de Troya, infligiendo importantes pérdidas en la flota griega. 

Jasón
Hector el Troyano
Por otra parte, todos los personajes están relacionados en mayor o menor medida con la guerra de Troya, con lo que la equiparación de la ciudad sitiada de la antigüedad clásica y la reciente conquista de Granada, se ve claramente. Pero además, tres de estos personajes están ligados a la aventura del vellocino de oro que, recordémoslo, es el emblema de la casa de Borgoña o lo que es lo mismo el emblema de Carlos I de España y V de Alemania, que es quien concede la alcaldía del Generalife a D. Gil Vázquez Rengifo. Incluso la imagen de Hércules está totalmente asimilada a la imagen del Emperador Carlos, que utilizará como emblema las torres de Hércules y el "Plus Ultra". Algo que también ocurre con Hector el troyano que, aunque no es uno de los argonautas, si aparece dentro de una de las triadas de los "nueve de la fama", concretamente la que lo equipara con Alejandro Magno y Julio Cesar, figuras estas elegidas para ser comparadas con el Emperador Carlos. 

Estamos por tanto ante una fachada con una enseñanza moral, pero también con la dedicatoria y dedicación de la familia Rengifo al Emperador. Algo que además hay que resaltar de manera especial por haber casado D. Gil a su hija María con D. Pedro Granada Venegas, proveniente de una familia recientemente cristianizada y que en 1537 recibirá de su suegro, con la autorización de Carlos V, la alcaldía del Generalife, ligándola en perpetuidad a la casa de Campotejar.

Puede ser por tanto, un recordatorio de la fidelidad de la familia Rengifo - Granada Venegas al nuevo orden político que significa la entrada de la casa de Borgoña en España.
El Corazón manda
En otra ocasión hablaremos de los cuatro emblemas que tienen al corazón por protagonista y que también figuran en la portada.


Bibliografía (López Guzmán, R. 1987),  (González de la Oliva y Hermoso Romero,  2005), (Callejón Peláez, A. L. 2006), (Villanueva Muñoz, E. 2007).

lunes, 3 de octubre de 2011

DANTE EN ÚBEDA

Portada principal de El Salvador de Úbeda

Entre el rico catálogo monumental de la ciudad de Úbeda destaca sobremanera la capilla fúnebre del Salvador. Este templo, mandado construir por el secretario de Carlos V, don Francisco de los Cobos, es uno de los ejemplos más brillantes del renacimiento español. Sus trazas fueron dadas en 1535 por Diego de Siloe, que en esas fechas trabajaba como maestro mayor de la Catedral de Granada y, en líneas generales, sigue la idea de la rotonda circular como referencia al Santo Sepulcro, al igual que en Granada, para marcar el enterramiento de D. Francisco y su mujer Dª. María de Mendoza.

Heráldica de D. Franciso de los Cobos sostenida por guerreros y memento mori

El Salvador en si es un conjunto de espacios de gran interés. Por una parte está el interior con su prodigiosa capilla mayor circular y el gran retablo de la Transfiguración, desaparecido durante la Guerra Civil y reconstruido en los años sesenta del siglo XX. Por otra parte, la magnífica sacristía de Vandelvira, con uno de los programas iconográficos más interesantes del país alrededor de las sibilas; y por último sus exteriores, especialmente la portada principal –aunque es posible que más adelante trate algo sobre las portadas laterales-. La portada principal es un claro discurso en pos de la salvación eterna y muestra un magnífico repertorio iconográfico en ese sentido, pero también oculta, en las llamativas formas profanas de sus esculturas, un erudito programa humanista que el profesor Santiago Sebastián describió, con su brillantez habitual, en un artículo publicado en 1977, en el Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de la Universidad de Valladolid y cuyo enlace al PDF adjunto al final de esta entrada de “elgrutesco”.

Puerta del Perdón de la Catedral de Granada
Como ya dije más arriba no voy a entrar en repeticiones sobre la interpretación de la portada pues el artículo del profesor Sebastián es más que suficiente, sólo nos dedicaremos a seguirlo con las fotografías que enriquecen la entrada. Pero por lo menos debemos centrarnos en algunos detalles, como que en el encargo de las trazas de la portada se dice textualmente “de la lavor y forma de la que Siloe a fecho nuevamente en la yglesia mayor de Granada”; es decir, de las mismas líneas que la puerta del Perdón de la Catedral granadina. Y realmente se acusan varios puntos de contacto entre ambas obras, por ejemplo, ambas se encuentran encajadas entre los contrafuertes del edificio, ambas tienen tres cuerpos y tres calles verticales y ambas coronan el arco principal con dos virtudes que sostienen una gran cartela.
Las diferencias principales entre las dos portadas se empiezan a caracterizar en el segundo cuerpo, pero hay que tener en cuenta que en el caso granadino, este se hizo tras la muerte de Siloe y aunque sigue las trazas generales, pudo haberse separado del proyecto inicial con el arco serliano frente al relieve de la Transfiguración del templo ubetense. Pero ese es todo el parecido, porque el proyecto iconográfico de Úbeda es de gran claridad y espectaculares resultados. Vamos a fijarnos en el Olimpo que se desarrolla en el intradós del arco de entrada, o lo que es lo mismo, el espacio del tránsito del fiel que desde el exterior, por debajo de él y su enseñanza realiza su ingreso al espacio sagrado de la cabecera circular. 

Intradós del arco de ingreso a la Capilla de El Salvador de Úbeda en donde se aprecia la distribución de los dioses
En el intradós se suceden trece casetones que culminan con el dios Saturno en su clave, sobre la que se alza una ménsula con un amorcillo triunfante de estupendas cualidades atléticas. En la parte más baja, a uno y otro lado del arco y sobre la línea de impostas, hay dos casetones con tondos que albergan dos bustos de un hombre y una mujer, escoltados por unos personajes que, mirando hacia el exterior, sostienen escudos ornados con máscaras, que nos pueden recordar a los comitentes de la obra. A continuación y en sentido ascendente, Neptuno/agua, Vulcano/fuego, a la izquierda y Anteo/tierra, Eolo/aire, a la derecha. Es decir, los cuatro dioses que personifican los elementos o lo que es lo mismo, la materia que encarcela el alma y por tanto el lastre para ascender al cielo, pues estos elementos son los que componen el infierno de Dante en su Divina Comedia.


Los dos primeros casetones con las representaciones masculina y femenina
Los cuatro dioses personificadores de los cuatro elementos
 
Sobre los encasamientos anteriores, se suceden el resto de dioses del Olimpo que encarnan el Paraíso de Dante, siguiendo la doctrina de las siete esferas en torno a la Tierra, es decir, más allá de las esferas del aire y del fuego. Aquí, el primer dios en aparecer es Diana como la Luna de Dante, encargada de los humanos “relegados por no haber cumplido sus votos” Así continua la ascensión a través de Mercurio, Venus y Febo como el Sol, tal cual se refiere en el canto X de la Divina Comedia.  Las esferas quinta y sexta son Marte y Júpiter, respectivamente; con una curiosa inversión de las actividades guerreras del primero hacia los mártires que entregaron su sangre por Cristo y la Iglesia. Mientras de Júpiter se recogen sus valores de justicia. En el centro, coronando el grupo, se encuentra Saturno en actitud pensativa o contemplativa, tal y como un buen monje ha de hallarse. Más allá se encontrarían, según Dante, las esferas de las  estrellas fijas y el empíreo. Y está claro que el amorcillo triunfante sobre la ménsula saliente en la clave del arco, puede ser el representante de los ángeles que ocupan la octava y novena esfera. Fuera se quedan el décimo cielo, pleno de luz, y la visión del conocimiento completo del último cielo. Algo que sólo se puede representar mediante el juego inmaterial de la luz y, en consecuencia, es una solución de interior arquitectónico más que de exterior.

Los siete dioses superiores en su disposición en el trasdós
Estas últimas consideraciones sobre el papel de las jerarquías angélicas las trataré en una futura entrada. Ahora sólo me queda hacer una pequeña mención a los dos relieves de Hércules en dos de sus trabajos: la lucha con el centauro y el ganado de Gerión. Aquí hay dos cuestiones a tener en cuenta, una la de la equiparación del profano Hércules con el bíblico Sansón y, por otra parte, el hecho de que el único héroe capaz de vencer a Anteo fue Hércules, con lo que en este contexto nos lleva al triunfo sobre la materia y al acompañamiento de los trabajos como pruebas del alma y no demostraciones de fuerza.


Los dos relieves de Hércules

A continuación dejo el enlace para poder descargar en PDF el magnífico trabajo de Santiago Sebastián, donde todo esto y mucho más, se expone con la solvencia correspondiente.